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| Juguetes: Toxicidad Química / Toxicidad Sicosocial Un Millón de hogares perdieron la batalla de Seattle |
Juguetes: Toxicidad Química / Toxicidad Sicosocial Casi diez años ha durado la batalla del ecologismo por la defensa de la salud de la más tierna infancia. La Unión Europea ha prohibido, por fin, los juguetes de PVC. Mucho ha costado convencer a los que deciden para lograr la prohibición de los objetos para bebés fabricados con este plástico tóxico. A la mayoría de la población le produce una gran sensación de desamparo el constatar que han tenido que pasar todos estos años para que se prohibieran los mordedores, chupetes, biberones y juguetes de PVC que solo ante la sospecha de que pudieran de ser nocivos para los más pequeños y pequeñas deberían de haberse “puesto en cuarentena” desde la primera denuncia. No ha sido así, ha podido más la industria del PVC que nuestra obligación moral de defender la salud de los más débiles, de nuestros hijos, de nuestros nietos. Así de duras son las cosas. Ahora deberemos continuar la batalla contra la “toxicidad sicosocial” de algunos juguetes. Pasaran, como ya sabemos, años, antes de que se reconozcan las obviedades que denunciamos. A saber: que no es bueno que nuestros niños se encierren en sus cuartos pegados a consola con “ juegos” hechos para matar, bombardear, destruir, conducir a velocidades de vértigo y en definitiva reafirmar los criterios sexistas, xenófobos y racistas. Eso si todo virtualmente. En fin veremos cuantos años lleva el convencer a la ciudadanía de que es necesario defender a nuestros más pequeños frente a las multinacionales “jugueteras” que quieren hacer anidar en ellos la violencia el terror, el sexismo y la xenofobia, “cualidades” estas que consideramos que no deberían tener cabida en un mundo harto de bombas, injusticias e inequidades y tan falto de solidaridad. ¿ Para cuando la homologación sicosocial de los juguetes? 28 de diciembre de 1999
Un Millón de hogares perdieron la batalla de Seattle Así se pueden calibrar los resultados de la Campaña de Reyes, en la medida en la que ha sido este el número de familias españolas que han adquirido un aparato de videojuegos para los más jóvenes de la casa. Carentes de información y en la mayoría de las ocasiones, de criterios para juzgar la bondad o no de la adquisición, miles de padres y madres, llevados por la propaganda engañosa, han adquirido un millón de videoconsolas, que actuaran de conductos directos de “información / educación”, para los más jóvenes de la casa en las “artes” de la destrucción, la tortura, la extorsión, el sexismo y la xenofobia. El cuarto de nuestro querido niño, se poblará de mercenarios, pilotos de bombarderos, “ simpáticos” miembros de la mafia internacional, justicieros siderales, certeros exterminadores de razas, mujeres asesinas, conductores enloquecidos que puntúan más o menos, según atropellen a peatones, destruyan bancos, semáforos etc. Con toda esta hez social, cuya sola presencia física en la proximidad de nuestros pequeños nos aterrorizaría, van, nuestros niños, en la intimidad de sus cuartos, a dialogar, intercambiar conceptos, estrategias, compartir aventuras y en definitiva a adquirir pautas de comportamiento, sistemas de valores y estrategias tipo “para la resolución de conflictos”. De nuevo hemos sido víctimas de un espejismo. En Seattle, no ganamos la batalla las gentes que queremos un mundo en el que la economía, la técnica y la ciencia estén al servicio de la equidad a nivel planetario y de la sostenibilidad y compatibilidad de la vida humana con la conservación de este maravilloso planeta, para nosotros y para los que vienen detrás. Las batallas contra la mundialización no salen en la tele, se libran día a día, casa a casa.... y este año 1 millón de hogares la han perdido. Lo que deben aprender nuestros niños, los contenidos de futuro que impregnan sus juegos, no los definen ... ni lo que sus padres queremos para su futuro, ni los criterios morales que queremos transmitirles, ni las enseñanzas, ni las pautas de conducta democráticas que con tanto esmero les quieren inculcar sus profesores,.. si no que los define... el Mercado... la Organización Mundial del Comercio, los intereses ideológicos brutales de las transnacionales. En fin, preocúpate en leer las carátulas de los videojuegos, ya verás con que clase de gentuza "virtual” se relaciona el niño. 5/01/2000
Todos los años en las tardes del día 5 de Enero, tengo por costumbre el acercarme a la sección de juguetería de alguno de los grandes almacenes. La observación serena y crítica de lo que allí se oferta, me proporciona una información exhaustiva y precisa sobre los proyectos de futuro que los adultos (voluntariamente o no) ofertamos a nuestros más pequeños y pequeñas. Allí, diseñados en plástico multicolor y multiforme, están los modelos social, relacional, sentimental, estratégico, etc. que van a conformar las pauta directrices del tipo de sociedad futura que les ofertamos. En ese amplio ámbito de embriones de proyectos de futuro que son las jugueterías, la sección dedicada a los monstruos repugnantes, mercenarios y mercenarias armados hasta los dientes, adalides del terror, el racismo, el sexismo y la insolidaridad, gana año a año, terreno en las estanterías. Paso largo tiempo observando a madres y padres, que semiparalizados por dudas no explicitadas, permanecen atónitos e indecisos ante las estanterías antes de atreverse a coger uno de esos repugnantes individuos pertrechados con toda clases de armamento, desde el machete, que garantiza unas matanzas como más artesanales e individualizadas, a las más sofisticadas armas de exterminio colectivo, que van más al número, descuidando el detalle. Al final, la natural repugnancia y toda clase de consideraciones morales de madres y padres precybernéticos, pesan menos que la presión sistemática ejercida por el niño, que “abducido por la globalización” vía ocio, publicidad, películas, medios, etc., “no va a admitir, bajo ninguna circunstancia”, ningún “juguete” que no sea “ese”. El mundo de las actuales jugueterías de grandes almacenes, es, para un adulto cabal, totalmente increíble. Puedes, por ejemplo, “con la mayor naturalidad”, dirigirte a la dependienta (que es madre y que ejerce como tal transmitiendo con todo cariño a sus hijos las más selectas enseñanzas y comportamientos éticos) y pedirle un juego, para tu hijo de 15 años, que tenga batallas, matanzas de enemigos, bombardeos, etc. Ella, sin pestañear, e instalada en esa esquizofrenia cotidiana que le exige la profesión, te ofrecerá, al momento, tres o cuatro videojuegos que cumplen con creces esas características. Este año, yo, y supongo, muchas de las personas que hemos ido por unos almacenes, que me da corte nombrar, he sido testigo de cómo un probo dependiente de la sección de videojuegos ponderaba uno de los productos ante un matrimonio que buscaba algo que regalar a su hijo de trece años. “El juego es fantástico - decía con entusiasmo sadomercantil – es una escuela de terrorismo, son tantas las acciones y los enemigos que tiene que eliminar, que tiene que tomar una pastilla para no caer dormido de agotamiento.” Tras un breve pausa, expectante y valorativa de la reacción que su cybermarketing producía en el cliente, añadía, ufano de la dualidad interpretativa que había intentado provocar:” La pastilla, claro, la tiene que tomar el del videojuego, no el chaval”. El padre, que ensimismado en la lectura de los “ingredientes del juego”, no había reparado en el tema de quien era el que tenía que tomar la pastilla para seguir matando, y ajeno a la complejidad de las novísimas técnicas de venta aprendidas por el dependiente, siguió preguntando por las características de las armas, estrategias de exterminio y otros detalles “de interés lúdico” que aportaban, según su criterio, valor añadido al juego. En fin, porque no ponen un Juzgado de Guardia junto a las secciones de juguetería de los grandes almacenes. 6 de enero de 2000
Mama, quiero CibermatarSiempre que entre adultos conscientes de la actual situación cultural que estamos viviendo, surge la conversación sobre temas relativos a la educación de los jóvenes, la sensación generalizada que invade a las madres es el desasosiego. La queja generalizada se basa en el marco de influencias mediáticas violentas en las que se desarrollan los pequeños desde la más tierna infancia. La buena educación se convierte en una serie de estrategias encaminadas a aislar, todo el tiempo que sea posible, a los niños de las permanentes imágenes violentas de la TV, de los Videos, de los cómics, de los juguetes, ..de los juegos, ..etc. La educación consiste en mantener al pequeñito en ese estado de incomunicación frente a un medio diseñado específicamente para comunicar, visualizar, enseñar..terror, violencia, sexismo, belicismo . . etc. y preparar como se pueda al pequeño para “el choque inevitable con la realidad mediática impuesta”. Las madres cuentan los días hasta que el pequeño vástago ya con 4 añitos y bajo la influencia de los medios, los amiguitos y en ambiente general, le vuelva a casa ya alistado en una de las tropas de indeseables guerreros de las galaxias, mercenarios, ratas justicieras, cibertorturadores, pilotos de bombarderos que con cibermeticulosidad absoluta arrasan países, paisajes y paisanajes. Son varias las preguntas trascendentales que surgen en la conversación: ¿Como es posible que los medios en general y los específicamente dirigidos a los más jóvenes, se salten olímpicamente todas las leyes y recomendaciones internacionales y de nuestra propia constitución en lo que se refiere a la protección síquica/ afectiva y educacional de los menores? . ¿ Como es posible que nadie haga nada contra todo este flujo brutal de imágenes y contenidos que pretenden enfermar sicosocialmete a los herederos del futuro? ¿Qué potente mafia global dirige todo esto?. ¿ Cuando nos enfrentaremos al problema?. Contad con nosotras/os. 27/01/2000
Juanito matamoros. El Ejido virtual en casa Mientras incrédulos contemplamos las imágenes televisivas asombrosas de jóvenes armados de bates de beisbol persiguiendo moros por las calles de una localidad de este país, son muchas las consideraciones que se nos vienen a la mente. Pero, a parte de las sensibilidades “especiales”, la noticia supongo que cae como muchas otras en el núcleo familiar instalado al rededor de la tele que preside el cuarto de estar. Los comentarios que las escenas suscitan serán de toda índole. Desde la critica radical a cualquier forma de racismo, a la “comprensión” con los bateadores de humanos, porque ya “está bien” de aguantar. En fin, ¡Que se vayan a su país!. Juanito, está algo confuso. No acierta a dilucidar exactamente de que se trata lo que está saliendo en la televisión. Si es realidad, o si es solo parte de un telefilm de los habituales. En fin, no sabe de que va la “pelicula” y aburrido, se dice que son, como siempre, “rollos de gente mayor”. Lentamente abandona el cuarto de estar, se interna por el pasillo,... al fondo el murmullo de la discusión, la voz sonora y firme del padre y la más tenue de la madre, que simultanea los sonidos de la expresión de sus opiniones con los de la recogida de los platos. Cierra la puerta de su cuarto tras de sí y enciende su videoconsola. Está satisfecho consigo mismo, pues ya va cogiéndole la mano a este nuevo ciberjuego. Ayer había conseguido 500 puntos, en fin la cosa va, es cuestión de atención, práctica y pericia. Hay que poner los cinco sentidos en lo que haces, no vale distraerse. Se enciende la pantalla, provisto de su ciberbate empieza el juego, uno, dos, tres....cien... , hoy llegará con certeza a eliminar sin problema a unos 600 de esos tipos malencarados, medio moros, medio negros que amenazadora e interrumpidamente “invaden” la pantalla de su ordenador.
Juguetes para un Mundo Peor. Vacaciones de verano Por el hecho de que empiezan las vacaciones escolares, me he acercado de nuevo al departamento de “juguetería” de unos grandes almacenes. Siempre lo hago por estas fechas, en las que por terminar el periodo escolar o por ser especialmente significadas como las Navidades, se que voy a ver a un buen numero de padres y madres intentando encontrar un juguete para el niño en premio a los buenos resultados escolares. Y así ha sido. Por la “juguetería” deambulaban un cierto número de progenitores intentando, unos con el nombre memorizado, otros con él escrito en un papel, encontrar el “juguete deseado” solicitado por el exitoso infante. De las diversas secciones de la “juguetería”, la de los juguetes clásicos, la de los violentos y monstruosos estáticos y la de los ciberjuguetes, está última sección era, desgraciadamente, la más concurrida. Madres y padres, evidentemente indecisos, repasaban una por una las estanterías repletas de videojuegos, intentando encontrar el que con título incomprensible les había encargado el niño. Tras la lectura de varias carátulas, o la pertinente consulta a los dependientes, por fin daban con el videojuego solicitado. Algunos de ellos , al observar los dibujos bestiales y violentos de las carátulas , se miraban mutuamente sin poder reprimir una mueca de asombro y repugnancia. Pero, ese era efectivamente el videojuego solicitado por el niño. Por la “módica” cantidad de 8.500 ptas. se llevan para casa un “juego” con el que el niño podrá reiteradamente jugar en la intimidad de su cuarto, y allí ensayar y aprender las múltiples formas de matar, de aterrorizar, de torturar, de utilizar las más sofisticadas armas de destrucción masiva o en el mejor de los casos acercarse por primera vez al mundo del volante a 320 km./h.. En fin, que por la módica cantidad de 8.500 ptas. el niño podrá aprender a subvertir todos los conceptos éticos y morales y pautas de comportamiento que con tanta paciencia y cariño le han intentado inculcar sus progenitores desde su más tierna infancia. La verdad es que el “juego” no sale caro, lo que puede costar caro son las consecuencias morales de esta "educación para un mundo peor". Y es que nadie informa a los padres , ni nadie protege a la infancia. Para empezar cumplamos con nuestra primera responsabilidad, no comprarle ciberporquerias al niño, porque el negocio no tiene ni si quiera cibercorazón.
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